Gabriel Gonzalez Martos

Opinión

por Gabriel Gonzalez Martos

 
LA OTRA PANDEMIA

La pandemia comienza a tocar su pico más alto en nuestro país. Una situación que no registra antecedentes en la historia mundial, aunque algunos van muy atrás en la historia y comparan situaciones que se desarrollaron en otro contexto, muy diferente al actual.

Mientras ello ocurre, este cerrojo mal llamado “cuarentena”, que aísla y paraliza a la sociedad argentina, se empieza a desmembrar por necesidad propia de la gente, contra la propia voluntad de los gobernantes. Y, lentamente, comienza a surgir lo peor, aquello que muchos negaron o dejaron en un segundo plano con tal de evitar un contagio, que igualmente llegó.

Además de la participación política de los ciudadanos una República requiere, para ser tal, de la división de poderes y del correcto funcionamiento de sus distintos estamentos. En la Argentina del coronavirus, el Poder Judicial se paralizó, saliendo a la luz todas las miserias burocráticas y sus décadas de atraso y abandono. Y, seguramente, en enero querrán tomarse vacaciones.

Por su parte, la economía argentina comienza a entrar en la crisis más profunda y de la que su historia no registrará antecedentes por su magnitud. Parecemos muy pesimistas, lo somos, pero la realidad saldrá a la luz más temprano que tarde.

La pandemia suma de a miles los muertos. La extensa cuarentena multiplicó la pobreza y la desocupación en un país que ya estaba quebrado antes de que el virus lo atacara. Hoy, un 70% de la población cobra todos los meses del Estado, vía jubilaciones, subsidios, IFE, sueldo o como se lo quiera llamar. ¿Queda claro que se trata de una situación insostenible?.

Del otro lado, está el sector privado, el que produce, genera empleo genuino y tributa impuestos; hoy desvastado y endeudado por la paralización que generó el acuartelamiento de la  actividad económica. Muchos de ellos no volverán a abrir sus puertas luego de que el virus pase a segundo plano.

Y en poco tiempo volveremos a ver aquellas repetidas recetas del pasado: una brutal devaluación, algún bono que reemplace los depósitos, más inflación, etc., con sus respectivas consecuencias. La pandemia no será la culpable, sólo dio el último empujón a toda una historia cultural de despilfarro, populismo y mala administración de los recursos públicos.
 
No existe un plan de acción para el día después de la pandemia. Todo es improvisación. Volverán los cacerolazos, los piquetes y los reclamos sectoriales. Y, nuevamente, los argentinos  lucharemos por “sobrevivir”, escenario que también deberá enfrentar la dirigencia de las entidades solidarias, teniendo que extremar al máximo los recaudos para preservar el patrimonio de los asociados. ¿Recuerda cuando se debió enfrentar el desagio, el plan Bonex o el injusto esquema de  pesificación?.

La tormenta recién comienza. El coronavirus seguirá entre nosotros por mucho tiempo, pero la otra pandemia: social, cultural y económica, lo dejará en segundo plano. Hagamos fuerte la República para que alguna vez se valore el esfuerzo de todos aquellos que sabemos ser solidarios y que todas las mañanas nos levantamos para producir y trabajar.

 
 

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