La crisis política y económica golpea fuerte a las Mutuales en todo el país

 

¿Se acuerda cuando nos decían que el Mutualismo debía estar unido tras una sola conducción?. ¿Recuerda aquellos tiempos en que los funcionarios operaban para que la dirigencia se encolumnara en una Confederación única?. Era la solución a todos los problemas del sector, decían. Nos iba a fortalecer, a dar visibilidad.

Y ya pasaron siete años de aquel histórico “golpe” institucional que vivió nuestro querido Movimiento. Borraron a la organización más combativa de entonces, intervinieron, destituyeron a los dirigentes más fuertes que osaron resistirse y, como en todo golpe, hubo muchos cómplices que se vendieron por un puñado de pesos. Años después estamos padeciendo las consecuencias de aquel “golpe” y la tragedia de no haberse encolumnado, unidos, tras la resistencia.

Y aunque nadie lo diga en voz bien alta, el Mutualismo se está desangrando, producto de diferentes situaciones que lo colocan frente a un escenario económico y político muy crítico. Las bases lo saben y lo gritan en soledad.

Hoy, aquella representación sectorial idílica concentra su esfuerzo en ganar espacios políticos, para satisfacer ambiciones puramente personalistas, y hacer algún cursillo virtual para que prevalezca su cargo en la función pública por sobre su rol de dirigente.

En este medio, hablamos hasta el cansancio del salvaje ensañamiento emprendido por los funcionarios de ANSES, tendiente a transformar una herramienta que la ley define claramente a favor de las entidades de la economía solidaria en inutilizable, la operatoria de descuento de haberes, con regulaciones que poco a poco la fueron matando.

También hicimos mención de la solitaria lucha emprendida por las Mutuales mendocinas, hoy desplazadas dentro del Centro Único de Autorización de Descuentos instaurado en la provincia, producto de los negociados y la corruptela. 

Incrementos en los costos, crecimiento de la demanda y nuevas patologías, colocan a las Mutuales con prestaciones de salud al borde del precipicio financiero, con precios por insumos liberados, paritarias, pero con prestaciones controladas por el Estado.

De igual forma, hablamos oportunamente de Entre Ríos y el manoseo en el otorgamiento del código de descuento, generando situaciones de desigualdad y de favoritismo. Los intereses económicos y los contactos políticos de un conocido holding santafecino, terminó de invadir la provincia en busca de más negocios. Ya había metido su gente en la entidad policial, luego hizo pie en la federación y habilitó a otro grupo de Mutuales a firmar acuerdos con la tarjeta de crédito provincial (SIDECREER) que maneja las prestaciones financieras para empleados de la administración pública.

Estas bases en soledad saben que las organizaciones representativas sólo están para dictar algún cursillo virtual, firmar abultadas paritarias y mostrar en la web una larga sábana de realizaciones que al Mutualismo no le aportan en lo más mínimo.

Y tras esta realidad, las graves consecuencias no se hacen esperar en medio de una Pandemia mundial que azota a la Argentina en un momento económico crítico.

Desde la Federación Entrerriana de Mutuales (FEDEM), afirman que en Entre Ríos existían hasta hace cinco años 346 entidades de las cuáles hoy sólo subsisten unas 150. Desde la organización remarcan la compleja situación social y económica que atraviesan en plena Pandemia, lo que está produciendo que en varias de las entidades asociadas –que sufren las más complejas situaciones financieras- se tenga que dejar de prestar servicios, despedir personal o desprenderse de sus activos, como paso anterior a una quiebra definitiva.

Pese a contar con garantías constitucionales que remarcan el apoyo al Mutualismo, el Gobierno de la provincia no permite utilizar los códigos de descuentos en sueldos de activos y pasivos de la administración pública, un beneficio al que hoy sólo accede el banco privado que hace de agente financiero (BERSA), la tarjeta de crédito oficial (SIDECREER) y una entidad: la Mutual Policial (MUPER).

Por esta situación de desigualdad, y al verse agotadas todas las instancias de diálogo, la Federación realizará dos presentaciones judiciales. Una en lo Contencioso Administrativo en contra del gobierno de Gustavo Bordet, solicitando la igualdad de condiciones y contra los privilegios; y la otra, una Demanda Civil contra la tarjeta SIDECREER por negarle un código único de comercio a la FEDEM, como lo hacen 12.000 negocios entrerrianos que pueden utilizarla (ver páginas 8 y 9).

La pandemia en Argentina se llevó más de 100.000 vidas y va dejando a su paso una economía aún más destruida de lo que ya estaba. Se estima que ya 2,5 millones de personas perdieron su trabajo, entre asalariados registrados y cuentapropistas o trabajadores en negro, aún con la prohibición de efectuar despidos. Más de la mitad de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) no pudieron volver a la actividad productiva y, mayoritariamente, el sector privado proyecta profundizar su achicamiento en los próximos meses.

La mayoría de las Mutuales se encuentran con una atención parcial. Aquellas que cuentan con grandes estructuras (hoteles, camping, salones, escuelas, etc.) observan con gran pesimismo el futuro a corto y mediano plazo. Como contrapartida, gastos que crecen mes a mes e ingresos que disminuyen.

El servicio de ayuda económica, como muchos otros, sufrió una fuerte caída producto de la extensa cuarentena y su consecuente falta de actividad que hizo crecer fuertemente la morosidad e imposibilita a mucha gente volver a acceder a un crédito.

Desde el Estado nos cuentan que la economía solidaria es la herramienta genuina para salir de la crisis y potenciar el trabajo. Pero ese mundo del que hablan es el conformado por las nuevas organizaciones de productores rurales y los denominados trabajadores autogestionados, la mayoría de ellas impulsadas por sectores piqueteros. Las Mutuales ya no figuran en la agenda.

La crisis es muy profunda por más que quieran vendernos otra ilusión. La pandemia hizo lo suyo. Los funcionarios de turno contribuyen a diario en agravar la situación. La representación política del sector ausente.

 

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