Había una vez

El llamado “código de descuento” fue y es una herramienta genuina y legal que permite a los trabajadores y jubilados acceder y abonar servicios brindados por las organizaciones sin fines de lucro que ellos mismos integran voluntariamente. Un instrumento para financiar sus propios consumos.

OPINIONES

Por Gabriel González Martos

7/20/20262 min leer

El llamado “código de descuento” fue y es una herramienta genuina y legal que permite a los trabajadores y jubilados acceder y abonar servicios brindados por las organizaciones sin fines de lucro que ellos mismos integran voluntariamente. Un instrumento para financiar sus propios consumos.

Con el paso del tiempo, esa herramienta prevista en las distintas leyes se fue deformando a través de una infinidad de regulaciones que limitaron su utilización. No obstante ello, las máximas estructuras representativas del Mutualismo mantienen un profundo silencio frente a cada distorsión que imponen los distintos sectores públicos.

Ejemplos sobran. Recientemente, el Poder Ejecutivo Nacional, si bien eliminó el costo financiero máximo de los créditos, otorgó ciertos privilegios a los bancos y financieras regulados por el BCRA para participar del sistema. Detalle no menor: dejó de garantizar la cobranza de operaciones pactadas frente a una recisión de convenio, dando un marco de gran inseguridad a su funcionamiento.

Por su parte el Gobernador de Santa Fe, en lugar de recomponer ingresos, empujó a todas las Mutuales a refinanciar las deudas de sus asociados trabajadores y jubilados, obligándolos a quedar cautivos del agente financiero provincial.

Muy atrás quedaron los reclamos de las entidades que participaban de la operatoria de descuento en ANSES, arrastrando más de una década de atropellos y reglamentaciones no escritas que limitan severamente a los pocos actores que aún permanecen en el sistema. En soledad, un grupo de Mutuales lucha judicialmente por la inconstitucionalidad de la norma impuesta hace más de una década.

Y así podríamos seguir detallando innumerables hechos que van transformando esta genuina herramienta de los trabajadores y jubilados, en un sistema inutilizable para las organizaciones.

Las distintas normativas vigentes sólo permiten ceder el principio de intangibilidad de la remuneración a favor de las entidades sin finalidad de lucro conformadas por los propios trabajadores o jubilados. No obstante ello, las modernas regulaciones habilitan a los bancos a realizar descuentos. A pesar del discurso que habla de “ampliar la oferta vigente” y favorecer la “libre competencia” estos nuevos actores ingresan al sistema con “privilegios” que hacen caer los argumentos de este doble discurso de moda.

Las entidades de base padecen a diario estas regulaciones distorsivas sin encontrar defensa y limitando la prestación de cada uno de sus servicios. Desde la soledad, luchan por sus históricos derechos mientras observan a los representantes sectoriales viajando por el mundo, vayan sólo ellos a saber con qué finalidad.

“Había una vez” una herramienta genuina creada para las organizaciones sin fines de lucro llamada “código de descuento” que se transformó en inutilizable y que se terminó perdiendo porque nadie supo defenderla. Lejos, muy lejos, quedaron una vez más los máximos referentes del sector.

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