La Mutual de italianos convertida en un negocio privado
La Asociación Filantrópica Italiana Unión Massalubrense de Socorros Mutuos que fue alcanzada por el Programa de Recuperación Histórico y Cultural de las Mutualidades de Colectividades desarrollado por el INAES, hoy se convirtió en un negocio privado alimentado con fondos del sector.
9/9/20264 min leer


Las comunidades de inmigrantes que se establecieron en nuestro país crearon numerosas Mutuales dedicadas, entre otros fines, a fomentar la cultura, mantener las tradiciones, estimular la educación, proteger a sus miembros ante las enfermedades, la invalidez y los accidentes, así como solventar los gastos que implicaba el fallecimiento.
El paso del tiempo, los cambios en las necesidades y la desaparición física de su línea fundadora, hicieron que muchas de ellas quedaran sin renovarse, acéfalas, con grandes estructuras difíciles de mantener, sin un orden institucional, etc. Algunas lograron concesionar a empresas privados sus espacios físicos para equilibrar sus cuentas.
Por esos vaivenes pasó la Asociación Filantrópica Italiana Unión Massalubrense de Socorros Mutuos que fue alcanzada por el Programa de Recuperación Histórico y Cultural de las Mutualidades de Colectividades desarrollado por el INAES con la finalidad de lograr su normalización institucional y la regularización de los estados contables. Su Presidente es Federico Andrea Moya, quien logró encarrilar la situación administrativa de la entidad.
La institución agrupa, o agrupaba, a descendientes e inmigrantes vinculados a la localidad italiana de Massa Lubrense para preservar sus lazos culturales y su legado histórico comunitario en Argentina.
En octubre 2023, el Directorio del Instituto liderado por el Movimiento Evita le otorgó un subsidio de $ 40.000.000 para invertir en la compra de “materiales para la renovación y puesta en valor de su edificio”. Ese dinero aún no fue rendido.
Pero de aquella histórica Mutual sólo quedó la propiedad donde se levantaba su sede social en el corazón turístico del barrio de San Telmo, frente al Parque Lezama. Allí, en calle Defensa 1575 funciona el famoso Centro Cultural Torquato Tasso, uno de los espacios de música más conocidos de la ciudad de Buenos Aires y visitado por miles de turistas.
Los fondos públicos otorgados por el INAES eran para modernizar ese edificio donde se desarrolla un emprendimiento comercial explotado por una empresa privada. El subsidio fue solicitado por la entidad “en la intención de llevar a cabo un proyecto que le permita el desarrollo de iniciativas orientadas a puesta en renovación de infraestructura y equipamiento técnico del Centro Cultural Torquato Tasso”.
Profundizando en el tema, nos enteramos que el “Tasso” es propiedad de la Mutual y manejado por su Comisión de Cultura. Pero su explotación es a través de una empresa privada inscripta formalmente bajo la razón social Torquato Tasso Producciones S.R.L., cuya socia mayoritaria es Agustina Albistur, hija del ex secretario de Medios del kirchnerismo Enrique “Pepe” Albistur, casado con Victoria Tolosa Paz, Ministra de Desarrollo Social por aquellos tiempos y actual diputada.
Por su parte, Federico Moya, Presidente de esta Asociación Filantrópica, ejerce la dirección general y artística del club de música, siendo el responsable de la programación, el diseño de nuevos ciclos y la representación del espacio.
Observando este ejemplo, nos cuesta mucho convalidar los permanentes planes de excepciones y salvatajes tendientes a recuperar estás históricas entidades que terminan cayendo en manos de un par de pícaros que lo ven como un negocio propio. Aunque estas entidades fueron fundadas exclusivamente por inmigrantes de una misma región (en este caso, de la península sorrentina), con el paso de las décadas casi todas estas Mutuales modificaron sus estatutos. Para evitar desaparecer por el recambio generacional, abrieron la categoría de "Socios Activos" a cualquier ciudadano (sin importar su origen) que participe de las actividades y abone la cuota social, otorgándoles el derecho a elegir y ser elegidos
Bajo esta fachada, el INAES con el Movimiento Evita a la cabeza decidió subsidiar con fondos públicos un negocio privado.
Pero la cosa no quedó ahí. En igual fecha, el Directorio del Instituto de entonces, integrado por los máximos referentes del Mutualismo y del Cooperativismo, otorgaron otro subsidio por $ 40.000.000 a la novata Cooperativa de Trabajo Pichuco, cuya matrícula fue otorgada meses antes, destinado a la compra de “equipamiento para la producción audiovisual de luz y sonido”.
¿Y a qué se dedicaba la nueva Coope? Tenía como actividad principal declarada la producción de filmes y videocintas, pero su función principal en el entramado era brindar de manera directa servicios de luz, sonido y soporte audiovisual para los espectáculos desarrollados dentro del Torquato Tasso. Su Presidente era Daniela Volpe encargada del control de gestión de la misma Asociación Filantrópica Italiana, y el Secretario era Sacha Chornobroff, Jefe Técnico en el Torquato Tasso y quien falleciera en 2024 a raíz de una caída desde siete metros de altura cuando se encontraba realizando tareas de producción técnica e instalación audiovisual. ¿Dónde sucedió? Siempre se dijo que el trágico incidente tuvo lugar en un establecimiento cultural de la Ciudad de Buenos Aires, ocultándose las precisiones exactas.
La Cooperativa Pichuco perdió su matrícula porque nunca presentó balances ni realizó asambleas y, mucho menos, rindió cuentas del dinero recibido. Recientemente, el INAES revocó el apoyo financiero otorgado y la intimó a a reintegrar la totalidad de los fondos, algo que nunca va a ocurrir.
Y ahora debemos escuchar a estos ex funcionarios y dirigentes dar cátedra de economía social, en lugar de estar rindiendo cuentas en la Justicia. No fue una mala praxis, hubo dolo real para beneficiar a terceros.
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