NO FUE NEGLIGENCIA
Si estuviéramos hablando en el ámbito de la salud, podríamos decir que fue una “mala praxis”. Pero fuera de ese espacio en particular, ciertas prácticas serían englobadas dentro de la: negligencia o imprudencia o impericia. Veamos.
OPINIONES
Por Gabriel González Martos
9/16/20262 min leer


Si estuviéramos hablando en el ámbito de la salud, podríamos decir que fue una “mala praxis”. Pero fuera de ese espacio en particular, ciertas prácticas serían englobadas dentro de la: negligencia o imprudencia o impericia. Veamos.
Las acciones llevadas adelante por la anterior conducción del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social no dejan de sorprender. A principios de 2021, el Presidente Alberto Fernández le entregó el manejo del organismo al Movimiento Evita hasta la finalización de su mandato.
A partir de ese momento, comenzaron a reproducirse organizaciones, de a miles, que poco tenían que ver con los principios originales del sector y que intentaron generar puestos de trabajo precarizados o aprovecharse de los planes o subsidios del Estado. Este último modelo, altamente desordenado y militante, fue el que copó la agenda política de entonces.
Tras cartón, se avaló la posibilidad de crear entidades democráticas, de autoayuda y autocontroladas de sólo tres asociados y sin capacitación... En el medio, hubo un reparto varias veces millonario de los fondos aportados por el Mutualismo y el Cooperativismo, en concepto de subsidios no reintegrables. Nadie desconocía por entonces que, para acceder a estos beneficios, había que dejar un porcentaje en concepto de retorno o coima, como mejor le guste al lector. Era un secreto a voces.
Por instrucciones propias del nuevo gobierno, comenzaron a ordenarse las cosas. Así fue como varios miles de estas entidades perdieron su matrícula por no cumplir con sus obligaciones institucionales básicas: no hacer asambleas, no presentar balances, no tener signo visible alguno de vida real.
Muchas de ellas tampoco rindieron cuentas de los subsidios millonarios recibidos a los pocos meses de obtener su inscripción, desconociéndose el destino final de este dinero.
Este desorden descontrolado, fue avalado por amplios sectores que se beneficiaron con este sistema y que hoy tildan como una ofensiva antipopular el accionar de los nuevos funcionarios que intentan poner en orden las cosas.
Otros consideramos que el caos provocado requiere de un análisis más profundo: ¿Se trató de una política equivocada? ¿Fue una mala praxis? ¿Hubo negligencia? Si varios miles de las entidades creadas perdieron su matrícula, si la mayoría de los subsidios otorgados fueron destinados a la militancia o a alimentar negocios privados, si era por todos sabido que había retornos, no podemos tildar la situación como errónea o desacertada.
Claramente, existió una situación dolosa por parte de todo el Directorio del INAES de entonces. Hubo voluntad de cometer esos actos. Y como consecuencia de ellos, se causó daño al sector, a un sistema y al erario público. Todos los vocales, entre los cuales se encontraban los máximos referentes de ambos Movimientos, eran conscientes de lo que estaba ocurriendo, lo avalaron y sacaron sus beneficios. Eso se llama “dolo”.
La política es el arte de lo posible, dicen. Muy lejos de responder judicialmente por sus actos dolosos, hoy se pasean dando cátedra de economía solidaria.
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