Resistir y construir comunidad

Atrás dejamos el Día del Mutualismo, una fecha que este año pasó una vez más con más pena que gloria, con escasas celebraciones y absolutamente nada que resaltar en defensa del sector. Con ese sabor amargo, nos metemos de lleno en los temas que marcan esta edición.

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11/5/20262 min leer

Atrás dejamos el Día del Mutualismo, una fecha que este año pasó una vez más con más pena que gloria, con escasas celebraciones y absolutamente nada que resaltar en defensa del sector. Con ese sabor amargo, nos metemos de lleno en los temas que marcan esta edición.

Según estimaciones oficiales, las Mutuales y Cooperativas aportarán durante 2027 la suma de $127.176 millones, destinados teóricamente a la educación y promoción, fundamentalmente. Pero de esos fondos, sólo podrá utilizar $ 24.706 con el fin de financiar el presupuesto anual del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.

En esta etapa de achicamiento estatal y "motosierra", el INAES evitó su desaparición por una única razón: es un organismo que se autofinancia. Más allá de esto, es justo reconocer que logró enderezar el rumbo a tiempo para dejar de ser un auténtico "curro" de la política de turno. Pero de ese pasado, el Mutualismo y el Cooperativismo deben hacerse responsables. Fueron cómplices por acción u omisión: ya sea por haber sido destinatarios de beneficios ocasionales, o por permanecer pasivamente en silencio viendo cómo se desparramaba con total discrecionalidad el dinero de todos.

Pasando a otro capítulo de nuestro complejo presente, la morosidad en los créditos atraviesa una tendencia ascendente en la Argentina y ya alcanza a casi 6 millones de personas. Los atrasos de más de 90 días en los préstamos acumulan 19 meses de crecimiento consecutivo, un fenómeno que los analistas atribuyen directamente a la brutal pérdida del poder adquisitivo.

Ante este escenario, la "brillante" solución de muchos funcionarios y legisladores fue arremeter contra los "códigos de descuento", esa herramienta genuina y legal que históricamente permitió a trabajadores y jubilados financiar sus consumos en condiciones más accesibles.

Extendiéndose como una plaga, cada jurisdicción del país fue atacando a los códigos hasta convertirlos en sistemas inutilizables, monopolizando la demanda crediticia en el banco pagador de cada provincia. Demás está decir que, como es habitual, ninguna organización representativa salió en resguardo de este derecho de las entidades de base. La falta de referentes genuinos y con coraje es hoy la mayor vulnerabilidad del sector.

Destruido el código de descuento -señalado falsamente como la peste culpable de la crisis de millones de argentinos-, tarde o temprano saldrá a la luz la auténtica realidad que los funcionarios quieren ocultar. Los jubilados, los policías, los docentes y los empleados públicos no se endeudan por culpa de las Mutuales; se endeudan debido a los miserables sueldos que el Estado les paga, producto de una gestión desastrosa de los recursos públicos.

La tasa de interés es alta, es verdad. Pero todo el mercado crediticio trabaja hoy con porcentajes escalofriantes, incluyendo a los mismos bancos oficiales que actúan como agentes financieros de las provincias. Sin embargo, para el relato oficial, la culpa siempre es de los "códigos".

Buscar el enemigo en los códigos de descuento es la salida fácil de un funcionariado que no sabe -o no quiere- explicar por qué el bolsillo de la gente ya no resiste. Mientras ellos se lavan las manos y los bancos provinciales hacen pingües negocios, las entidades actúan como meros espectadores sin un papel protagónico. Muchachos: el Movimiento nació para resistir y construir comunidad, no para someterse al silencio cómodo. Despertar o desaparecer, se va convirtiendo en la única opción posible.

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