Se comieron la plata de todos

En marzo de 2005 el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social le otorgó un subsidio equivalente a 150.000 dólares con destino a la “Conversión de Unidades de Transporte a GNC”. ¿Qué pasó con la plata de todos?

DIARIOS

3/2/20263 min read

En marzo de 2005 el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, al mando de Patricio Griffin, otorgó un subsidio a la Asociación Mutual El Colmenar por pesos 457.380 con destino a la “Conversión de Unidades de Transporte a GNC”. Por aquel entonces, el equivalente en dólares de aquella cifra superaba los 150.000.

La entidad se obligó a invertir la totalidad de los fondos de acuerdo al proyecto presentado y efectuar la rendición de cuentas. Para el caso de incumplimiento de las obligaciones a su cargo, la beneficiaria debía reintegrar la totalidad de la suma acordada o pendiente de utilización, con un interés conforme la tasa establecida por el Banco de la Nación Argentina para el giro en descubierto en Cuenta Corriente, más un interés punitorio del 1% sobre capital actualizado.

Fueron de esas entidades paridas por razones de política partidaria y que se abocaron a vivir de la teta del Estado.

La Mutual El Colmenar nació en una localidad pobre como lo es Cuartel V, Moreno, Provincia de Buenos Aires, con la finalidad de brindar el servicio de transporte que a la empresa privada de la zona le era deficitario. Tuvo su auge en la llamada “revolución productiva”, durante la cual manejaba colectivos propios. Hoy, desaparecida.

Fue creada por un grupo que venían de la militancia política partidaria, liderado por el “Bebe” Ricci, acompañado por dos jóvenes militantes de la Juventud Peronista: Sergio Ebis y Jorge Alagastino.

Fueron muchos los subsidios recibidos por la entidad durante el gobierno de la Alianza y luego del kirchnerismo, no quedando muy transparentado el destino final de los fondos.

Juan Eugenio Ricci, alias el “Bebe”, fue el fundador de la entidad; llegó al INAES en el año 2000 como contratado de lujo de la gestión de Mary Sánchez, de la mano del FREPASO, para luego ocupar el cargo de vocal del Directorio mediante una tramposa propuesta de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM) durante la presidencia de Orlando Barquín. Luego de la renuncia de la docente de La Matanza, fue designado Presidente del Instituto, a pesar de sus limitaciones.

Ya nada quedó de aquel servicio de transporte que brindaba la Mutual El Colmenar en tiempos de la revolución productiva. Llegó a tener 40 colectivos que recorrían los barrios más carenciados de Moreno: Cuartel V, Namuncurá, El Casco, etc. Fue una de las históricas y siempre beneficiarias de todo subsidio que estuviera dando vuelta.

Murió cuando dejó de recibirlos. No pudo cumplir los requisitos exigidos por la entonces Secretaría de Transporte para recibir los beneficios del Estado y así lograr subsidiar la tarifa del boleto que le permitiera competir con la empresa privada de la zona. ¿Y los colectivos dónde quedaron?.

Durante el kirchnerismo se la intentó revivir con más plata, pero no se logró.

En junio de 2016, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social decidió revocar el beneficio otorgado en 2005, intimándosela al reintegro de la totalidad de los fondos recibidos por el subsidio y notificando a sus fiadores, atento no cumplir con la rendición de cuentas correspondiente.

Habían pasado muchos años, demasiados, donde seguramente la política de turno jugó un rol preponderante. Es la plata que aporta todo el sector, aunque para los funcionarios pareciera ser guita ajena al momento de cuidarla.

Y los directivos no dieron la cara. Y la guita nunca apareció. 20 años después, ante una acción iniciada por el Instituto, el Juzgado Civil y Comercial Nº 8 condenó a la Asociación Mutual El Colmenar a pagar al Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social la suma de $ 457.380, con más los intereses fijados en la cláusula sexta del convenio de subsidio, a computarse desde la fecha de entrega de los fondos del subsidio (8/3/06) hasta el efectivo pago.

Algo falla. Si se tratara de resguardar el dinero propio, todos nosotros seríamos muy prolijos al momento de cuidarlo y defenderlo. Si fuese el dinero de una empresa privada, alguien habría perdido su trabajo por tanta inacción y mala praxis. Pero en el Estado todo vale cuando la que manda es la desidia. Pasaron dos décadas, nada quedó de la Mutual, ni siquiera su matrícula. ¿Quién devolverá la plata?