Gabriel Gonzalez Martos

Opinión

por Gabriel González Martos

 

SOLO DEPENDE DE UNA DECISION

En la pasada edición, y en este mismo espacio, hablamos de la etapa de gran incertidumbre por la que atravesamos, dado el difícil escenario que nos plantea la realidad política, sanitaria y de bolsillo. Y la segunda ola del Covid llegó, y parece haberse instalado con fuerza.

Con el recrudecimiento de la pandemia, las graves consecuencias en el panorama económico que, a diferencia del resto del mundo, en Argentina tiene otro virus propio que hace todo más difícil aún: la inflación. Para la mayoría, en el sector privado, el reto de estos tiempos es mantenerse en pie hasta que el vendaval amaine.

En el Estado, las cosas son totalmente diferentes. No hay achicamiento, ni despidos, ni reducción de salarios. Increíblemente, el Covid no afectó a ese sector, a un costo que pagamos todos los argentinos.

Más restricciones afectan la vida económica. Pagar sueldos, gastos corrientes, mantener estructuras, etc., cuando los ingresos disminuyen sensiblemente, es un equilibrio  difícil de alcanzar y para otros un milagro.

Las Mutuales sufren una grave crisis que pocos reflejan pero que la mayoría de las entidades padece. Y necesitan ayuda. Y si la ayuda se sigue dilatando, no habrá mañana. Que el Estado les saque el pie de encima, sería una gran opción. No es momento para seguir imponiendo restricciones que sólo limitan aún más su accionar y generan más desempleo, en una economía en crisis.

Para seguir con las políticas de don Mario Cafiero, cómo aseguró el nuevo Presidente del INAES, debe retomarse la charla con el Banco Central sobre el uso del débito directo interbancario, que quedó encajonada en algún escritorio. Dialogar entre pares del gobierno debería ser cosa simple en estos tiempos críticos. Más restricciones implica empujar a la quiebra a sectores ya hundidos por la pandemia. Una charla entre el Instituto y los ensañados funcionarios de ANSES podría contribuir a no exterminar la operatoria de descuentos, dejando a miles de asociados sin servicios, de un día para el otro. ¿Tan difícil de entender es?.

La actividad se desplomó desde el comienzo de la pandemia. Con ello, la brusca caída de los ingresos y la creciente suba de erogaciones producto de la galopante inflación que lleva a las organizaciones a un achicamiento progresivo de estructuras y de personal. Una ecuación económica que no sabe de solidaridad.

Hacer politiquería en tiempos de crisis extrema es de mal nacidos. Muy lindas las diplomaturas que se ofrecen por ahí, los cursitos, el enfoque de género y demás yerbas, pero el Movimiento necesita de acciones concretas que le permitan a las entidades llegar a los tiempos pos pandemia y recién ahí ver cómo rearmarse. Debiera ser una tarea prioritaria de las organizaciones representativas, junto a los gremios y el propio Estado, buscar todas las alternativas para descomprimir a las Mutuales de regulaciones e imposiciones económicas de difícil cumplimiento.

Quitarles el pie de encima depende sólo de una decisión.

 

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