Gabriel Gonzalez Martos

Opinión

por Gabriel González Martos

 

SEPAN ACEPTAR NUESTRAS DISCULPAS

Vaya este humilde pedido a todos nuestros lectores. El equipo de “Nuevo Mutualista” está cegado por una visión de la realidad muy pesimista. Hacemos un gran esfuerzo para lograr salir de la oscuridad y no transmitir tanta mala onda a quienes hacen el esfuerzo de leernos en cada una de nuestras ediciones. Pero no lo logramos.

Observamos a un Mutualismo atravesando un momento crítico. En caída libre. Sin saber si es éste su peor momento o si aún lo peor no llegó. Como en todos los sectores, la Pandemia hizo estragos en la economía de las organizaciones y produjo cambios profundos en la actividad cotidiana. Adaptarse sigue siendo un gran desafío.

Al Covid se le suman otros problemas de larga data que, al no encontrar solución, se profundizaron con el paso del tiempo. Vimos a la dirigencia mendocina luchar en soledad por sus derechos, frente a un uso abusivo de los códigos de descuento por una empresa privada, en complicidad con funcionarios de turno. Lo mismo está ocurriendo hace años en Entre Ríos cuya federación, recientemente, salió a denunciar que 200 entidades desaparecieron a causa de esta situación. Se cumple una década que las entidades que operan en la órbita de ANSES comenzaron a luchar individualmente para frenar la desaparición de una herramienta legal en clara extinción, sin que a nadie le importe. Y la lista sigue, pero ya aburre. Mañana los problemas serán más, y más.

El Mutualismo parece ser cosa del pasado. Ya no figuramos en la agenda de ningún funcionario de Estado. Ni siquiera dentro del organismo encargado de fiscalizar y promocionar nuestra actividad, organismo conducido mayoritariamente por la representación sectorial. Insólito, pero real.

Esta conducción, mayoría en el Directorio, viene avalando políticas tendientes a potenciar a un sector nuevo del Cooperativismo, conformado por entidades impulsadas por las políticas populistas de moda y con gente muy pobre detrás que se sube a la propuesta, esperando un salvavidas que los mantenga a flote. ¿Dónde quedaron las entidades fundadoras de estos Movimientos solidarios y pilares de su doctrina?. Fuera de agenda.

Y en este lugar estamos parados, o mejor dicho, mal parados, bajo un discurso engañoso que dice impulsar el desarrollo de la economía solidaria como herramienta genuina para salir de la crisis y potenciar el trabajo. Pero ese mundo del que hablan es el conformado por las nuevas organizaciones de productores rurales y los denominados trabajadores autogestionados, la mayoría de ellas impulsadas por sectores piqueteros.

Las restantes entidades, aquellas con patrimonio, que generan empleo genuino, que fomentan el ahorro y el crédito local, que atienden la salud de sus asociados en tiempos de Pandemia o aquellas que reúnen a personas de una misma colectividad, quedaron fuera de las políticas de Estado. Se achican y luchan por sobrevivir.

Y peor aún, hasta las denominadas organizaciones representativas parecen haberse olvidado de ellas. Sus líderes, muchos devenidos hoy en funcionarios, se atrincheraron en la virtualidad pandémica, situación que les permite no salir a dar la cara frente a las bases. Impávidos, sin responsabilidad ética ni moral, participan de estructuras internacionales. ¿Cómo harán para explicarle al mundo que en Argentina se pueden conformar entidades democráticas, de autoayuda y autocontroladas de sólo tres asociados y sin capacitación?. Mientras tanto, muchas instituciones de larga trayectoria van quedando en el camino.

Sin lugar a dudas, nuestra visión es errónea y volvemos a pedir perdón a nuestros lectores por tanta pálida. De lo contrario, no se entendería tanta silencio y pasividad en la dirigencia de base.

 

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